Ficción y verdad: nuestro momento

agosto 20th, 20092:51 pm @

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Ficción y verdad: nuestro momento

Un manifiesto del Grupo Editorial La Hoguera, acerca de la actual coyuntura en relación a la literatura nacional. Se lo dejamos aquí para el análisis personal.

Por Grupo Editorial La Hoguera

Atendiendo al planteamiento que el Ministerio de  Culturas establece en su convocatoria al Encuentro sobre las novelas fundacionales de la literatura republicana, en el que se nos pregunta “¿no es acaso éste el momento de ficción por excelencia?” vamos a compartir nuestra respuesta como un sello editorial que ha sido capaz de proponer, desde sus catálogos, una necesaria renovación del canon boliviano. Los términos de esta renovación, dicho sea de paso, no se limitan al “balanceo” de una marcada tendencia por depositar en algunos títulos la representatividad de lo que denodadamente se ha intentado, durante décadas, identificar como “novela boliviana” ―el balance por el balance no es nuestra principal preocupación, sino más bien el compromiso de arrojar luces sobre aquellas zonas de la creación literaria boliviana que no estaban siendo alumbradas por los reflectores de la mirada “oficial”, lo cual restaba posibilidades de lectura (lectura como contraste, lectura como diálogo, lectura como antítesis) a los títulos que sí habían sido canonizados tanto por las currículas escolares y universitarias como por las distintas instituciones vinculadas directa o indirectamente con la literatura. (Nos disculpamos de antemano por el uso de tantas comillas, aspecto sintomático, sin duda, de los procesos de cambio, que no excluyen la incertidumbre, la duda, la pregunta, la irremediable deconstrucción de categorías que ya no contienen la complejidad de una Bolivia literaria contemporánea).

De modo que nuestro enamoramiento  y compromiso con una comunidad de lectores que no siempre conseguían una cercana identificación con los textos literarios que entonces narraban Bolivia fue el punto de partida. Era preciso reflejar la diversidad de manera concreta, que ese concepto dejara de ser una “consigna” y se convirtiera, en efecto, en una propuesta de estantería, en libros-objeto del acervo nacional; nunca nos interesó editar libros como souvenirs de una región. Queríamos reflejar, desde nuestros catálogos literarios, la imposibilidad de narrar de manera absoluta la región, el país o la latinoamericanidad. Sí, parece una contradicción, pero siempre quisimos reflejar ese imposible. Es decir, nuestro “momento de ficción” comenzó hace veinte años. Nos alegra comprobar que esa sed es compartida por otros agentes, por otros actores literarios. Nos preocupaba y entristecía sentir que nuestras propuestas fueran reseñadas como curiosidades de un no-lugar. Nos  sentimos responsables por los escritores bolivianos jóvenes y no tantos que buscan en nuestra casa editorial una manera de llegar a lectores de todas partes de Bolivia y fuera. El amor nacional nunca ha tenido que ser un corsé para nuestros talentos. La mediterraneidad es real y también existe en la mente, pero por eso mismo afrontamos volitiva y conscientemente el deseo de traspasar fronteras desde la literatura.

Consideramos que el breve preámbulo anterior es necesario ya que ―como actores genuinamente involucrados que se nos ha identificado― conocemos desde el campo de acción lo que es trabajar en corpus propositivos. Obviamente, no manejamos criterios académicos, pero intuimos sus códigos y también poseemos una particular sensibilidad para entender los otros códigos, los más salvajes, los que provienen de lectores jóvenes. Con estos segundos es nuestro compromiso, puesto que son ellos los que recibirán un mensaje de autoridad ―“estas son las diez novelas bolivianas fundacionales”― y bajo ese mandato, o en contra de él, construirán las nuevas ficciones.

¿Qué nos hemos preguntado para, entre algunas personas que forman parte de esta comunidad editorial, proponer esta lista? Una check list preliminar incluye los siguientes aspectos:

a.  ¿Qué es lo “fundacional”? La convocatoria ya demarca un territorio al hablar de imaginarios. Pero, ¿acaso eso no es una especie de pleonasmo, o del círculo genético huevo-gallina? No importa. Vamos a entenderlo como una confluencia entre un relato y un momento histórico, entre la necesidad de codificar rasgos identitarios dispersos y un discurso creativo capaz de hacerlo y postularlos como nuevos paradigmas. Claro que se puede ser “fundacional” en una forma de mirar la realidad como nunca antes se la vio -Luna de locos y Jonás y la ballena rosada constituyen, en ese sentido, verdaderos cambios de foco-. También se puede ser “fundacional” en el nivel estético, en la dimensión retórica -y, en ese sentido, hasta la más “light” de nuestras literaturas nacionales tendría el derecho de ser llamada “fundacional” si es que abre una veta expresionista nueva. Se puede ser “fundacional” cuando se irrumpe, como voz, como agente portador de otros narradores, en un centro hegemónico –Íntimas, de Adela Zamudio, es inexcusable.

b.  ¿Por qué diez novelas? El fetichismo de la cabalística del mercado podría estar jugando en contra nuestra. Somos un país tan diverso, tan violenta y hermosamente diverso, que este “top ten” no nos contiene. El riesgo es la omisión, justamente lo que pretende subsanar este Encuentro. Que no nos boicotee la prisa. Si necesitamos más tiempo, más dinero, más trabajo, no debemos mezquinarlos.

c.  ¿Por qué comenzar con “novela”? ¿No somos, acaso, un país latinoamericano de cuentistas, de cuentistas orales, textuales, instintivos, de poetas? Una reflexión metaliteraria nos hace pensar que seguimos pretendiendo el “relato absoluto”, justamente cuando experimentamos “refundaciones” que tienen que ver con lo fragmentario, con el sujeto en necesaria crisis. Pero bueno, comencemos con novela, sabiendo, eso sí, que este primer canon tendrá un impacto emocional especial, que quizás la “poética política” esté mejor condensada en otro género, con otras pulsaciones.

d.  ¿Por qué asociar el Bicentenario a este esfuerzo de canonización? ¿Por qué no liberar definitivamente a la ficción boliviana de otros discursos? Tendremos que tener cuidado de no actuar bajo ningún tipo de presión. Queremos que nuestra lista propositiva esté libre de ese matiz, queremos hacer una verdadera propuesta literaria. No nos gustaría darnos cuenta de que la literatura, sus ficciones, está siendo instrumentalizada para perpetuar determinadas hegemonías.

e.  ¿Por qué los lugares de enunciación de este nuevo canon son, como en el pasado, La Paz y sus instituciones? Nos parece legítimo, claro, y nos complace ver que Cochabamba será también “un lugar”. Pero creemos que, precisamente por la fuerza simbólica (ahora que estamos valorando tanto los imaginarios), por la poética, el lugar físico desde donde se enuncia es parte del discurso oficial. Queremos que se comparta esa enunciación con otros sitios: Santa Cruz, Tarija, Beni, Samaipata… Si es preciso cambiar cosas en la agenda, hay que hacerlo.

Otros espacios merecen también quedar registrados en la historia ocupando su lugar de símbolo.

Nos gustaría, en realidad, que la biblioteca boliviana esté siempre en construcción, que sea el resultado de un fluir natural, que no se cierre ni coyuntural ni, menos, categóricamente por un programa urgido por otras cosas que no sea el arte mismo, y, en ese sentido, toda elaboración de listas connota un afán de clausura, una negación del rizoma que siempre ha sido la bolivianidad. Pero si asumimos la responsabilidad de esbozar una propuesta, una lista “Archipiélago” (aunque quizás nuestra condición mediterránea quedaría mejor con otra metáfora, algo como “microclimas”, “constelaciones”, “taropé cultural”,  otra cosa, algo más…), deseamos poner el énfasis en estas obras:

1.  La Virgen de las Siete Calles (Alfredo Flores. Año de primera publicación: Buenos, Aires, 1941.)

Para el oriente boliviano, el proyecto narrativo de Alfredo Flores es fundamental, ya que consigue expresar y nuclear unos rasgos idiosincrásicos que forman parte esencial de la identidad boliviana. Esta novela, en particular, aborda tópicos y trópicos importantísimos, tales como la religiosidad, la sensualidad, los tabúes y las relaciones de poder. La estructura dramática de la obra la convierten en un relato cristalino muy disfrutable, algo que la novela sociológica había comenzado a oscurecer. Aún no había llegado la mitad del Siglo XX y la novela ya daba cuenta de un sujeto viajero cuyo cosmopolitismo debe necesariamente herir el corazón de la provincia para, desde esa dialéctica, modernizar la patria.

2.  Jonás y la ballena rosada (Wolfango Montes Vanucci. Año de primera publicación: 1987)

Obtuvo el Premio Casa de las Américas el año 1987. Esta novela marca la irrupción de una estética y una psiquis de la posmodernidad en Bolivia, cuando el sujeto urbano entra en crisis por factores, entre otros, socioeconómicos, como es el caso del narcotráfico. El sello de “humor” que el escritor imprime en su narrativa abre una veta para la expresión de otros estados de ánimos naturales de la región oriental de Bolivia. Hay un antes y un después de Jonás y la ballena rosada.

3.  Tirinea (Jesús Urzagasti. Año de primera publicación: 1965)

Se percibe un proyecto ontológico en esta novela, algo que excedía el mero compromiso político que la novela realista había asumido desde fines del Siglo XIX. La tensión interior entre la provincia, como fuente de identidad, y la ciudad capital como destino, hacen de esta novela un universo referencial para todos los narradores bolivianos que se sentirán impelidos a contar la transformación a través del viaje y la migración. La belleza del lenguaje es el indicio de que estamos ante una verdadera obra de arte.

4.  Cantango por dentro (Julio de la Vega. Año de primera publicación: 1986)

Cantango por dentro es un viaje romántico que transgrede las rutas del lenguaje para contarnos musicalmente las aventuras amorosas de un adolescente. El paralelismo con el cine, el tango y las tonadas criollas sitúan a esta obra en una Bolivia de exploración cultural, que recibe influjos artísticos foráneos y los combina y acepta magistralmente con los propios.

5.  Juan de la Rosa (Nataniel Aguirre. Año de primera publicación: 1885)

Juan de la Rosa se destaca entre las novelas románticas de Latinoamérica. Sus cualidades son innegables, es obra de estudio y de regocijo, nacionalista sin buscar patriotismos, construye su ficción a partir de datos históricos que no permiten dudas, por la destreza narrativa expuesta y la forma de apropiarse de su fuente documental: el primer levantamiento por la independencia en Cochabamba. Ha sido germen de una literatura épica que durante décadas ha nutrido la bibliografía de innumerables textos, educativos y literarios. Es un libro de identidad, visionario y unificador.

6.  Pequeña hermana muerte (Enrique Kempff. Año de primera publicación: 1969, Madrid, España)

Pequeña hermana muerte es una obra referencial para la nueva narrativa boliviana de la década del 70 (siglo pasado). Arriesgada, punzante, mixturada con genuino humor negro, mesuradamente dosificada con la realidad de su época, emerge en la actualidad como una sobreviviente de las buenas historias que merecen perdurar en la herencia cultural-literaria de nuestro país. Sus deliciosas tramas y adecuada caracterización de sus personajes la obligan a permanecer en una biblioteca de uso colectivo sin tiempo ni espacio restringidos.

7.  La isla (Manuel María Caballero. Año de primera publicación: 1864)

Es la primera novela boliviana, y ya que esta convocatoria hace uso del género narrativo como un elemento o variable ordenador, consideramos fundacional su publicación en una época en que Bolivia necesitaba del relato ficcional para acompañar su construcción como país. De modo que La isla funda la novelística boliviana formalmente y, con ella, el diálogo creativo entre el discurso histórico-sociológico y la ficción.

8.  Aluvión de fuego (Oscar Cerruto. Año de primera publicación: 1935)

En general, la obra de este escritor es fundacional porque explora con fuerza en la literatura de género: fantástico, surrealismo, horror. Es uno de los primeros que, en ese sentido, apuesta por la ficción como ficción, sin por ello desentenderse de temáticas que emergían de la profunda identidad boliviana. En Aluvión de fuego la Guerra del Chaco es narrada como un momento en que el hombre boliviano experimenta las preguntas existenciales más dolorosas.

9.  Íntimas (Adela Zamudio. Año de primera publicación: 1913)

La figura de Adela Zamudio como escritora es, de por sí, literaria. Ella misma es una ruptura en el modelo hegemónico patriarcal que todavía cuesta superar. Con Íntimas, la autora hace uso de la estética romántica para proponer una corriente de la escritura solipsista, entrañable, que escritores jóvenes bolivianos hoy, en pleno Siglo XXI, han comenzado a descubrir. Íntimas revela las contradicciones de sujetos sociales, como la mujer casada, que hasta entonces eran narrados de manera sólo funcional a otros ejes. La obra de Zamudio es fundacional por el grado de compromiso artístico que la autora decidió asumir en su vida real, apostando a la trascendencia y la posteridad.

10.  Borrachera verde (Raúl Botelho Gosálvez. Año de primera publicación: 1938, Santiago de Chile).

Borrachera verde nos traslada a un imaginario amazónico-trinitario y nos atrapa en la sensualidad de su relato de la misma manera que Teófano, su protagonista, sucumbe en la prisión de su libido. Es una historia de encuentros y desencuentros, de búsquedas y fugas, con el destino inexorable provocado por la pasión y la locura. Es una novela que nunca pasa de moda, sus continuas reediciones así lo han testimoniado durante largos años.

11.  Los deshabitados (Marcelo Quiroga Santa Cruz. Año de primera publicación: 1959).

Aunque ha sido percibida como una “novela social”, esta obra trasciende ese pacto con la realidad política y se postula como una obra de arte de vocación universalista debido al tratamiento de sus personajes, condensando el caos y los vacíos del mundo reinante en sus conflictos existenciales. La objetualización y mecanización de los personajes como metáfora de una ética de la clase media en crisis hacen del universo narrativo de Quiroga Santa Cruz una verdadera vanguardia. Dialoga con toda propiedad con novelas universales que han hecho del “hombre en guerra” una zona de narración simultáneamente angustiante y vital.

12.  Raza de bronce (Alcides Arguedas. Año de primera publicación: 1919)

Sin lugar a dudas, la voz de Alcides Arguedas todavía resuena en la memoria colectiva por la capacidad de poner en escena, utilizando los recursos de la tragedia, el problema racial de Bolivia. Las identidades que mutan, los ciclos que se repiten, el poder como suprema aspiración, en un enclave histórico casi paródico ―como el que marca Melgarejo― hacen de esta dramatización una gran novela, pues Arguedas lleva a los estereotipos bolivianos hasta sus últimas consecuencias, que es una manera de narrar la ontología y la esquizofrenia de una de todas las Bolivias que somos.

13.  Puerto Ancho (Oscar Barbery Justiniano. Año de primera publicación: 1982)

El realismo mágico se instala en la narrativa boliviana con gran fuerza a partir de Puerto ancho. En esta obra lo irreal no existe, lo extraño es común y cotidiano. Los personajes son abrumadores, interactúan hasta el colmo de lo creíble sin traspasar la frontera de lo inverosímil. Es una historia que nunca termina, que se bifurca con naturalidad desquiciante entre túneles de un mundo misterioso, jamás finito, útil para personajes peregrinos. Su literatura se posiciona firme en un género de gran demanda.

14.  Páginas bárbaras (Jaime Mendoza. Año de primera publicación: 1917)

Si Mendoza inauguró la narrativa minera con “En las tierras del Potosí”, cuya estela abarcó varias décadas, más sustancial es aún el hito que representa la publicación de “Páginas Bárbaras”, primera novela amazónica de América, aparecida siete años antes que “La Vorágine”, del colombiano José Eustasio Rivera. Desde la ficción, esta novela, ambientada en las tierras del Acre,  Pando y Beni, descubre simbólicamente un territorio hasta entonces ajeno, inexplorado –y que sin embargo abarca dos terceras partes del territorio nacional-, develando ante la mirada occidental una otredad que hasta hoy no termina de ser conocida ni comprendida: la del hombre, la cultura y el paisaje de las tierras bajas y la selva.

15.  El otro gallo (Jorge Suárez. Año de primera publicación: 1985)

Hablar de El otro gallo es hablar de Jorge Suárez, y hablar de Jorge Suárez es hablar de un grupo de literatos que enriqueció su vocación literaria en talleres fecundos y perennes. La combinación del poeta y el narrador se funden en esta singular nouvelle que retrata la épica de un bandolero, sus aventuras, tristezas y debilidades humanas en un medio hostil para la supervivencia. Suárez funda la narrativa de “lo entrañable”.


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AlmaZen | Revista Cultural

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