Los abrazos rotos

noviembre 11th, 200910:06 am @

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Los abrazos rotos

La traición movilizadota

Por: David Mamani Cartagena
Vía: Semanario Uno

“Las películas hay que terminarlas, aunque sea a ciegas”. La frase proferida por el actor Lluis Homar que personifica a Mateo Blanco, parece indicar el instinto en el cual Almodóvar ha venido gestando una carrera como director. Con esta frase concluye también la última escena de “Los abrazos rotos”, su última obra, elegida para cerrar oficialmente el 47 Festival de Cine de Nueva York (EEUU), con apreciados elogios, continuando su exhibición en el 13 Festival de Cine Latino de Los Angeles (11 al 16 de octubre), inaugurando el mismo evento.

Almodóvar reúne un elenco recurrente en sus películas, a excepción de José Luís Gómez; su musa inspiradora Penélope Cruz (Volver, Todo sobre mi madre), Lluis Homar (La Mala educación) y Blanca Portillo (Volver). La historia transcurre en principio en Madrid y luego en la playa de Lanzarote (España). Magdalena (Penélope Cruz), una joven secretaria de cuna humilde, pierde a su padre. Ante la ausencia sentida, su jefe Ernesto Martel (José Luis Gómez) decide hacerse cargo de ella, cobijándola bajo su techo ante la unión interesada. Martel, hombre mayor, empresario sin escrúpulos y gerente de un banco decide producir una película: “Chicas y maletas” del director Mateo Blanco (Lluis Homar). El azar lleva a Magdalena al casting de actrices y queda elegida. Mateo no puede ocultar su fascinación y su amor por ella, emergiendo la relación prohibida. Martel sospecha y confía a su hijo Ernesto Jr. seguirlos con la excusa de la realización del “making of” de “Chicas y maletas”.

Voyeurista encubierto, Ernesto Jr. denuncia en imágenes backstage la infidelidad de Magdalena. Ella decide abandonar a Martel. Amargado por la traición de Magdalena, la empuja por las gradas de su mansión. Sale ilesa del incidente. Cansada por los abusos cometidos, Magdalena decide huir con Mateo a la playa del Lanzarote. Delatados por Judit (Blanca Portillo), colaboradora cercana de Mateo, Martel manda una vez más a su hijo a seguirlos. Magdalena y Mateo están por vivir sus últimos días. El romance concluye en tragedia, una colisión al vehículo que conducen Mateo y Magdalena.

“La muerte de Magdalena no nos sorprendió fundidos en un abrazo como habíamos soñado, sino sentados en asientos distintos. A mí incluso me sorprendió dejándome con vida”, narra Mateo después del accidente, quedando ciego. Catorce años después Mateo decide borrar los recuerdos de Magdalena. Las imágenes eran su vida y ante el presente fútil deja el cine para dedicarse a la dramaturgia bajo el pseudónimo de Harry Caine. Judit confiesa su verdad a Mateo, con quien vivió un romance antes de Magdalena y fue motivo suficiente de celos para traicionarlo.

Una película de intriga y pasiones donde convergen historias paralelas al margen del romance de Mateo y Magdalena. La traición, hilo conductor, mueve otras tramas como la de Ernesto Jr, intentando borrar la memoria de su padre, quien lo condenó durante años por su orientación sexual. Ernesto Jr. concluye el “making of” de “Chicas y maletas”, objeto encubierto que se convierte en un documental que narra la vida de Mateo Blanco, hoy Harry Caine. Relaciones que se rompen ante la revelación de secretos, como la escena en que Judit confiesa a Mateo que tienen un hijo en común.

Las gradas son otro objeto casi fetiche en el filme. Almodóvar construye la ficción utilizando dicho objeto en cuatro escenas, dos que involucran a Mateo y dos a Magdalena. Los fundidos a negro es otro recurso de la narrativa visual del director, denotando la oscuridad de los días de Mateo como el género noir, característica principal. Pero el rojo intenso, como otros colores vivos, contrastan en algunas escenas, talento del director de fotografía Rodrigo Prieto (Amores Perros, Secreto de la Montaña, 21 Gramos). La música en Los abrazos rotos está a cargo de Alberto Iglesias, quien ya había trabajado con Almodóvar (Volver, La mala educación, Hable con ella, Todo sobre mi madre, Carne trémula, la flor de mi secreto).

Después de ver Los abrazos… quedan los recuerdos, las escenas. Recordar es vivir, no solo en la mente sino también en la percepción a través de los sentidos. Los olores, los sabores, los sonidos y el tacto, el roce con los objetos. Como la escena de Mateo acariciando el rostro pixelado de Magdalena mientras mira el documental de Ernesto Jr. Si bien Magdalena no murió en sus brazos como había soñado, le queda la sensación del recuerdo.

Autor

AlmaZen | Revista Cultural

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