Invictus

Febrero 8th, 20103:49 pm @ Antonio

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Invictus

Mónica Heinrich nos trae el análisis de una de las películas más esperadas  que se acaba de estrenar en los cines de nuestro país.

Invictus un film dirigido por Clint Eastwood basado en el libro de John Carlin, con las actuaciones de Morgan Freeman como Nelson Mandela y Matt Damon quien da vida al capitán de la selección sudafricana de rugby, Francois Pienaar.

En esta película Morgan Freeman está nominado al Oscar en la categoría de mejor actor principal.

“Master of my fate, captain of my soul”

Por Mónica Heinrich
http://aullidosdelacalle.blogspot.com/

Una película que tiene un mensaje tan bonito, y que está filmada de una manera tan prolija, sólo puede disfrutarse.

Desde hace años que Cint Eastwood viene demostrando ser un gran director. No importa si se trata de un GRAN filme como Río Místico o Million Dollar Baby, o de una película menor como Changelling o Gran Torino.

El hombre sabe su oficio, y en Invictus nos regala bellos momentos y una historia que es imposible no arranque una que otra reflexión sobre la situación nacional, y hasta una lágrima traicionera y ñoña ante tanto mensaje fraterno.

Ahí estaba yo, en la premier del filme, pensando que tenía mucho sueño, que me dolía la cabeza, que extrañaba mi infancia y a Heath Ledger, y que debería darme verguenza gastar tanta plata en cine mientras en Haití las cosas están tan jodidas.

Sí, casi casi ni fui, pero no me arrepentí.

Lo bueno de Invictus es que no es nomás sentarte a ser chupado por la pantalla con una historia vacía. Se basa en un libro escrito por John Carlin (Playing the enemy/El factor humano que empecé a buscar en este triste pueblo) sobre su experiencia en Sudáfrica.

Carlin, periodista, vivió allá durante 6 años y cubrió emocionado la transición de un país que luego del asqueroso apartheid clamaba la venganza de una mayoría severamente humillada durante años.

Al subir Nelsón Mandela al poder, esta venganza era esperada tanto por el 80% de la comunidad negra como por el 20% de los blancos. Todos creían que después que Mandela pasó casi 30 años preso, sometido por un sistema racista, que incluso en la cárcel hacía diferencias en el trato por el color de piel, todos creían que este hombre al ser elegido presidente iba a sufrir un ataque de glucosa ante tanta dulce venganza.

La película arranca con Morgan Freeman interpretando a Mandela llegando por primera vez a la casa presidencial, su primer día ejerciendo como presidente de Sudáfrica y un montón de blancos, ex trabajadores del régimen anterior, preparando sus cajas para marcharse.

En esos primeros momentos vemos el temple de quien, según John Carlin, es el mejor estadista de la historia. Era el nacimiento de lo que la historia conocería como la nación del arco-iris y la política de reconciliación.

Mandela, que demuestra ser muy astuto, se interesa en la selección de rugby sudafricana. Bajo el lema ¨Un equipo, una nación¨, seduce a una selección odiada por la comunidad negra por ser símbolo de los afrikáners (blancos descendientes de holandeses) y por usar los colores del apartheid en su camiseta (dorado y verde). Cada vez que la selección de rugby jugaba, los afrikáners los apoyaban mientras los negros alentaban al rival.

Eso hasta que Madiva (cariñoso nombre tribal que su gente le daba a Mandela) es presidente. Mientras Mandela lidia con una difícil situación económica y social, aprovecha la oportunidad que este deporte le brinda para usarlo como puente unificador entre blancos y negros.

El capitán de la selección de rugby Francois Piegnaar (Matt Damon en el filme), queda subyugado ante un Mandela que muestra una capacidad empática ilimitada. Juntos se alían para ganar la copa mundial de rugby de 1995.

El filme de Eastwood consigue emocionar y entretener. El partido de la final se vive como si se estuviera en el mismo estadio, yo sólo deseaba que Lomu (jugador casi invencible de Nueva Zelanda) cayera como un tronco de toborochi y no se levantara nunca más.

No es una película WOW, pero tiene bellos momentos y hace que uno salga del cine pensando que el mundo todavía puede ser un buen lugar. Bien actuada, bien dirigida, con una bonita banda sonora, Invictus a pesar de su mirada tan “fan” sobre Mandela, atrapa y nos deja con el corazón conmovido al ver a una nación unida por el orgullo del triunfo. Olvidados de sus conflictos raciales, mezquinos, que durante años le hicieron tanto daño a ese país.

Y claro, nos deja con el poema de William Ernest Henley en la memoria. Ese que fue el favorito del líder sudafricano mientras estuvo preso por 28 años y que le da título a la película.

Desde la noche que sobre mí se cierne,

negra como su insondable abismo,

agradezco a los dioses si existen

por mi alma invicta.

Caído en las garras de la circunstancia

nadie me vio llorar ni pestañear.

Bajo los golpes del destino

mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira

yacen los horrores de la sombra,

pero la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,

cuán cargada de castigo la sentencia.

Soy el amo de mi destino;

soy el capitán de mi alma


LO MEJOR: emotiva

LO PEOR: a ratos demasiado discursiva

LO MAS FALSETE: …

LA ESCENA: cuando muestran la cárcel de Mandela y el triunfo del equipo.

EL MENSAJE MANIFIESTO: Se pueden olvidar las diferencias

EL MENSAJE LATENTE: Perdonar es divino

EL CONSEJO: Mirala y buscá más de la historia, porque la película es tan solo las 80 últimas páginas del libro en el que se basó.

LA PREGUNTA: ¿por qué en Bolivia no podemos tener una nación del arco iris?

Autor Antonio

AlmaZen | Revista Cultural

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