Por Mónica Heinrich
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Estuvimos por el festival de FRIBURGO, y a semanas del magno evento, es tiempo de hacer un recuento con las glorias, decepciones y cosas raras que vivimos en tierras suizas.
Hasta el día que nos fuimos, el festival había sido un bosquejo de jóvenes cineastas…propuestas aún no maduras, pero que en dos o tres personajes hacían preveer un promisorio futuro.
Dentro de las incógnitas, (un signo de interrogación fosforescente del tamaño de la Torre Eiffel) está El Vuelco del Cangrejo, filme que pude apreciar en la función previa al filme que le dedico esta opinión y que venía avalado por el FIPRESCI de Berlín.

Nacido como un proyecto de tesis, de un joven Oscar Ruiz. El vuelco del cangrejo es tildada como la sorpresa del nuevo cine colombiano, y hago énfasis en lo de nuevo, porque sus defensores alegan que esta forma de hacer cine revolucionará al país cafetero gracias a una estética diferente y a una manera de contar las cosas, también diferente. Si lo diferente es eso, prefiero que las cosas sigan iguales.
La película basa su historia en un conflicto de tierras en la región de La Barra, situada a la orilla del océano pacífico, un pedazo de jungla en la que confluyen vegetación y mar, y donde el director consideró importante rescatar a estos personajes, la mayor parte de origen africano, que hace muchos años eran esclavos.
Lo que yo vi? Una película precariamente actuada, donde la historia sonaba artificial y que quizás para ojos europeos puede parecer poético y exótico, pero en ella se exhiben todas aquellas cosas que has escuchado sobre teoría cinematográfica y que dejan ver la mano/intenciones del director de manera muy evidente. La sutileza que se le ha ponderado, me parece fabricada. El personaje principal es un tipo que se adentra a esa zona buscando algo de tranquilidad, los motivos del antes o el después del personaje no están claros, eso no me molesta, me parece mucho mejor. Pero a partir de esa circunstancia, se crean situaciones absurdas. Se introducen personajes secundarios que son más postes de luz, en una película plagada por actores con una expresión monocorde, cuya explicación reside en que son actores naturales. De todas formas, eso no puede ser una excusa, existen n películas con actores naturales, que realmente consiguen transmitir y conmover.
Al dire no se le ocurrió mejor idea que matizar esta historia con informes a través de la televisión o la radio (tal cual estudiante de primer semestre de comunicación social) para dejarnos ver los “conflictos” de la sociedad colombiana (noticias sobre la guerrilla, las FARC, problemas políticos, etc..) me parece la manera más fea de fingir transgresión en el discurso cuando te apoyás en recursos tan sosos. Decís lo que fingís no estás diciendo a través de la tele y la radio. Eso sí, tiene una muy bonita fotografía y las locaciones elegidas le ayudan a darle un airecito poético a ciertas escenas, pero nada más.
Insisto, sigo con el signo de interrogación. El Festival de Berlín premió el año pasado a La Teta Asustada, filme peruano que no es malo, pero que no sé hasta qué punto podía coronarse como la mejor de la selección presentada ese año. Me resisto a creer que fue el mejor. Como me resisto a creer que El Vuelco del Cangrejo haya sido lo mejor para la crítica de Berlín y en Friburgo también le dieron un premio. Quizás la que viene errada y equivocada por la vida soy yo. Eso puede ser, que la pelotuda soy yo nomás.
Todo lo contrario ocurre con Rompecabezas, ópera prima argentina. Se trata de una película realmente pequeña, sin mayores pretensiones. Cuando empezó, finalmente me sacudí el ZZZZZzzzopor que me invadió estos días gracias al excelentísimo aire suizo. La historia no es otra que la vida de una mujer, Carmen (interpretada magistralmente por María Onetto). Una señora casada, con dos hijos, una mujer mayor, que de un momento a otro encuentra su rutina trastocada por un raro hobby: Armar rompecabezas.

Y la vieja se lo toma en serio. Sí. Para ella esa huevada es un equivalente a mis idas al cine y a mis compras de películas. Ni más ni menos.
Empieza armando uno, y de un momento a otro, se pasa horas y horas juntando las piezas y le pone tanto empeño que hasta se me antojó! y ando por las calles mirando con AMOR los rompecabezas.Obvio que la historia del rompecabezas es la excusa perfecta para retratar la vida de CUALQUIER mujer adulta, en pareja y con hijos de larga data. Esa rutina que sólo vive la ama de casa, mujer a la que pocas veces reconocen su valor y que ha postergado sueños, deseos y emociones, por la familia.
Esa intimidad, vacíos, anhelos y pequeñas frustraciones son las que exhibe con maestría el filme, que hace coincidir la afición de Carmen con la crisis del nido vacío.
Con una estética muy linda, en que abundan los PP (primeros planos) de una manera elegante, nos adentramos en la psiquis de Carmen. El resto de los personajes aparecen para dar un vistazo general a nuestra protagonista, pero la cámara la acompaña a ella, a ella que va y que viene, que arma y desarma, que se anima y no se anima…

Situaciones cotidianas, pequeñas, revelan un gran talento de la directora, que con su ópera prima, viene de esa generación de directores argentinos que se han pulido trabajando de asistentes de dirección o directores de casting para otros grandes directores. Natalia Smirnoff ha trabajado con Lucrecia Martel, entre otros…y con Rompecabezas, le dice al mundo que también está lista para tomar la batuta.
Cosas a criticar? No tanto criticar, quizás la historia de tan pequeña puede sonar a una historia sin mayor repercusión, además existe un momento en que se tambalea y cierra de manera algo precipitada. Sin embargo, cualquier pequeña falla, se vuelve menor ante el resultado global.
Una película muy bien actuada, con una excelente fotografía, bonito guión, bien dirigida, bien musicalizada, o sea…una BUENA película, que como decía el tipo que la presentó la noche del festival: Je adoré…Je adoré…
Trailer









































majo ferrel
1 year ago