Justa Justicia
Por Mónica Heinrich
http://aullidosdelacalle.blogspot.com/
Campanella nos había mostrado en sus anteriores películas que lo suyo iba por el lado tierno. El mismo amor, la misma lluvia, Lluvia de Avellaneda y hasta la tan laureada El Hijo de la Novia, echan mano de recursos conocidos dentro del cine argentino, pero no por eso menos queribles. Personajes clichés, situaciones comunes, y ese tufillo al amor triunfa, es una marca registrada del señor Campanella (excepción hecha de Luna de Avellaneda, que se va más por el lado social). Encima, en casi toda su filmografía, el argentino le ha dado vuela a la hilacha al temita de los amores frustrados, que en dos (y con El Secreto de sus ojos tres) de las mencionadas películas suelen ser parte del GRAN cierre, de esa imagen que se quedará en tu retina mientras los créditos empiezan a salir.
El hijo de la novia me parece hasta ahora su película más redonda. Sin duda una película que a merced de sus detalles tanto técnicos como de alto voltaje emocional, hace que el espectador salga del cine con cierta sensación que muchos definen como “una cosa acá dentro”. Un filme que vale la pena ver, con mensajes muy bonitos…actuaciones muy bonitas, un guión muy bonito y una dirección bonita también. BONITA!
Ahora, si pensás que voy a decirte que El secreto de sus ojos apesta, estás equivocado. No apesta, pero creo que La cinta blanca de Michael Haneke (director austriaco) es una película mucho más superior, quizás sea que el ostracismo narrativo de Haneke es menos comercial que una cinta que ensalza el amor y la aplicación de una justicia efectiva de manera tan facilona.
Vi El secreto de sus ojos en el cine Bella Vista, contenta de verla en pantalla gigante después de hacerle lance al DVD pirata y al original durante varios meses. No quise leer las reseñas, pero su sorpresivo triunfo en los Oscar, hizo que me preguntara qué tan buena sería. Así que llegué a la butaca esperando ver algo memorable o cuando menos aceptable.

Para los que hemos visto el cine de Campanella, sus gags suenan bastante escuchados sin que eso quite que los sabe usar. Ricardo Darín repite como su actor principal (ya fetiche en su filmografía, ha estado en TODAS sus películas) y da vida a un crispín que responde al nombre de Benjamín Esposito.
Este sujeto trabaja como agente de justicia federal. Es empleado de una abogada, Irene Hastings (Soledad Villamil), y tiene como subalterno a Sandoval, interpretado por un Guillermo Francella casi irreconocible que se roba el show.
La joda empieza cuando ocurre un asesinato. Una tipa es asesinada y violada salvajemente. Esposito (Darín) se apersona en el lugar del crimen, ve el cadáver, habla con el marido, y queda obsesionado con el caso.
El crimen, que intenta ser resuelto por un colega suyo de forma muy chapucera, termina convirtiéndose en el eje central de varias decisiones que el personaje principal toma, decisiones en las que arrastra a Sandoval, Irene, al marido de la muerta y a su propia seguridad en pos de la resolución de la causa.
Si bien el conflicto criminal está bien planteado, existen elementos facilistas usados para que la trama “encaje” mejor en el paciente público. Situaciones que un entendido legal puede caratular como más falsas que las tetas de Luciana Salazar.

No importa, te compro los elementos mal dibujados, porque igual la película entretiene y dentro de todo se deja ver. Sin embargo, lo que me hinchaba los ovarios era la historia de amor que tenía a medio cine suspirando. Esposito anda enamorado de Irene, su jefa. Como no puede ser de otra manera, existen obstáculos: pertenecen a clases sociales distintas y ella está comprometida.
A Campanella no se le ocurre mejor idea que ligar todo el tema del crimen con la relación amorosa latente de este par de individuos. Además, planteado de la manera más ñoña del mundo.
El filme está planteado en una mezcla de flashbacks que nos cuenten el curso de la obsesión de Esposito que comienza en los 70s, y la situación actual del personaje principal que se da a finales de los 90s…
En medio del despelote de la muerta, del asesino prófugo, del colega borracho, Campanella se da mañas para retratar con, ay no sé si decirle “sutileza”, la época de los regímenes peronistas, la corrupción de poder y la ineficacia del sistema judicial.
Todo esto contado muy al estilo cine latinoamericano convencional. Sin ninguna propuesta narrativa o estética, y entregando un producto cumplidor, que destaca por su “sorpresivo” final, algunas buenas actuaciones y un ritmo ligero para un tema espinoso.
A salvar: las intenciones (bien, muchachos, bien), el resultado global de película aceptable, bien dirigida en líneas generales, relativamente bien actuada y bien musicalizada.
A renegar de: la lamentable actuación de Pablo Rago en el papel de viudo dolido y golpeado por el horror. Muy muy bajo nivel. El maquillaje terrible, se notaba el artificio al tiro, pésimo pésimo. La ñoñez con la que finaliza una trama que de cerrar un poco antes, haciendo a un lado la condescendencia con el público, dejaría una huella más profunda.

Entonces, El secreto de sus ojos es un filme que puede entretener, cuyo trasfondo es interesante, y que es un producto aceptable/cumplidor/correcto. Dentro del cine latinoamericano es una buena opción. Desgraciadamente eso no alcanza más que para pasar un buen rato, que no es para nada despreciable, pero que en mi caso me deja sabor a poco.
LO MEJOR: Es un filme que se deja ver muy bien, y ha conseguido que la platea se conecte con él de una forma muy bonita.
LO PEOR: Maquillaje, ñoñeces, facilismos, clichés y la actuación de Pablo Rago
LO MAS FALSETE: Maquillaje y algunas situaciones de orden “legal”
LA ESCENA: la del estadio, y la del careo con el detenido, cuando Irene interviene.
EL MENSAJE MANIFIESTO: La justicia no existe
EL MENSAJE LATENTE: Podés convertirte en esclavo de lo que supuestamente te libera
EL CONSEJO: Vela
LA PREGUNTA: ¿Por qué se usa tan promiscuamente el término “obra maestra”?
CURIOSIDADES
- La película está basada en la novela La Pregunta de sus Ojos, del escritor argentino Eduardo Sacheri.
- Eduardo Sacheri también participó en el guión, cuya autoría comparte con Campanella.
- Es la segunda película más taquillera de la historia del cine argentino, superada únicamente por Nazareno Cruz y el lobo de Leonardo Fabio.
- Esta es la segunda nominación para un Oscar que recibe Campanella, después de la que tuvo en 2001 con “El hijo de la novia”, y es también la sexta nominación para el cine argentino.
- La escena del estadio que parece un plano secuencia en realidad es una secuencia contada en 8 planos encadenados. Dura casi 6 minutos y hay 42.000 personas generadas totalmente en 3D.









































mayo 10th, 2010 → 3:48 pm @ Antonio
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